El Centro, la Condesa o la Roma son algunas de la colonias donde se ha establecido el oficio de paseador. Sin embargo, en nuestro país no existen leyes ni seguros que regulen esta práctica
En las calles del Centro Histórico y de colonias como Condesa, Roma y del Valle se ha desarrollado un nuevo fenómeno. Jóvenes que caminan por parques y camellones atados a una docenas de correas que llevan perros de diferentes edades, tamaños y razas, a quienes genéricamente se conoce como “Paseadores de perros” y que laboran sin ningún tipo de reglamentación.
Contrario a lo que ocurre en otras ciudades de Europa y Estados Unidos, donde este oficio se remonta a la década de los 80 y se tiene un registro de cada uno de los paseadores, así como un seguro que protege tanto a los paseadores como a los perros, en la Ciudad de México no hay nada que regule esta actividad.
José Luis Payró, presidente de la Federación Canófila Mexicana, alerta sobre los problemas que puede generar este oficio, en caso de que no se realice por personas capacitadas.
“Cuando hablamos de los ‘Paseadores de perros’ hay varios aspectos que debemos tomar en cuenta. En principio no hay ningún reglamento a nivel local o federal que delimite quiénes pueden realizar este tipo de actividades, tampoco sabemos a qué están obligados estas personas para no afectar el espacio público, ni en qué espacios puede desempeñar su trabajo. Le aseguro que esto se va a regularizar en 20 o 30 años cuando ya sea un problema”, explicó Payró.
El también médico veterinario indicó que en otros países hay paseadores profesionales que cuentan con una licencia, que tienen el entrenamiento elemental para manejar un gran número de mascotas y donde está delimitado el espacio en el que pueden trabajar.
“En Nueva York la gente pasea perros en el Parque Central y no pueden salirse de esa área porque son multados. A nivel de manejo, deben tener algún tipo de entrenamiento, porque los perros se pelean o se ponen inquietos. Imagine lo que es llevar 30 perros amarrados a la mano. Es una locura y aquí nadie está tomando ningún tipo de precaución”, dijo.
Otro factor de riesgo, abundó el veterinario, son los perros callejeros, ya que en México se permite que cualquier canino ande solo en la calle y ninguna autoridad hace nada para sacarlos de la vía pública.
“En Europa, donde nació este oficio, prácticamente no existen perros callejeros. Entonces los paseadores no tienen el riesgo de que otro animal muerda a sus perros. En México nadie plantea una solución para erradicar a los perros callejeros, porque saben que eso les causaría problemas. Las asociaciones protectoras de animales son muy radicales y rápidamente sus protestan tendrían costos políticos para los funcionarios que intentaran arreglar esto”, recordó.
De acuerdo con la investigación realizada por José Luis Payró, los paseadores se originaron en Europa, pero la moda llegó de Argentina, donde este oficio es muy popular desde hace 15 años.
“Cuando se da la última oleada de argentinos a México, después de la crisis financiera de 2001, fue que ellos empezaron a traer este tipo de prácticas y luego nosotros las copiamos. Como autoempleo es algo muy productivo, porque no se necesita un local, no se pagan impuestos y sólo hay que pasar a las casas a recoger a las mascotas”, indicó Payró.
Si bien no hay precios estandarizados, según tarifas que se publicitan vía internet, un paseador de perros puede cobrar por mascota entre 300 y 500 pesos semanales, por un paseo de 30 minutos diarios en las colonias Roma o Condesa, sin mencionar que se ofrecen otros servicios como sesión de juegos o llevarlos al veterinario o a la peluquería, por un costo adicional de entre 70 y 100 pesos.
Dentro del mercado de paseadores de perros ya existen empresas establecidas como Be Woof, que dirige Gabriela Cortés, la cual cuenta con un equipo de entrenadores, cocineros y especialistas en manejo de mascotas, que ofrecen este servicio con estándares de calidad más rigurosos.
A partir de su experiencia como voluntaria en una agencia de Dog walkers en Nueva York, Cortés trasladó el concepto a México para ofrecer diferentes servicios a los residentes de algunas colonias.
“Nos especializamos en razas de talla pequeña, aunque eventualmente también recibimos razas grandes, y lo que hacemos es como convertirnos en nanas de los perros. No sólo los paseamos, sino que si es necesario vamos a sus casas y los alimentamos y tenemos sesiones de juegos. Esto es para que la gente no tenga que dejarlos en jaulas o pensiones cuando salen de viaje”, dijo.
Cortés tiene como norma el no pasear a más de cuatro perros por sesión, ni mezclar razas grandes con pequeñas, además de que su empresa apoya el uso en todo momento de la correa, ya que las mascotas son animales que en cualquier momento pueden hacer algo impredecible y sufren el peligro de perderse.
El tema del seguro, abundó Cortés, es uno de los problemas que no ha podido solucionar desde que abrió su empresa en agosto del año pasado, ya que en México no existen empresas que ofrezcan un tipo de pólizas que aseguren tanto a los animales como a las personas que ofrecen el servicio.
>José Luis Payró, presidente de la Federación Canófila Mexicana, explica que un paseador de perros debe ser una persona que conozca sobre entrenamiento de estos animales, pues va a manejar a un mismo tiempo a varias mascotas.
Debe conocer las características de las diferentes razas, pues eso le permitirá saber a qué perros puede pasear juntos, porque seguramente recibirá todo tipo de razas y cada una tiene características peculiares que no siempre resultan compatibles entre sí.
Es necesario que tenga un carácter fuerte para poder dominar a los perros sin necesidad de recurrir al maltrato, ya que la gente los contrata para que paseen a sus mascotas, pero no para que los lastimen.
Payró señaló que diferenciar un entrenador profesional de un charlatán o jalaperros, como comúnmente se les llama, es algo relativamente sencillo, ya que la persona que no está capacitada ofrecerá enseñarle a su mascota cosas elementales como no orinarse en la casa o no morder los muebles.