CARACAS.- Ví esa salchicha, jugosita y apetitosa. ¡Qué suerte! Pocas veces un manjar así se encuentra en la calle. Me saboreé lo labios y empecé a salivar mientras me acercaba. Respiraba profundo y sólo sentía su olor. Una sonrisita salió de mí en forma de jadeo. Cuando la tuve en frente me apresuré a comerla. No había terminado mi sorpresiva y espléndida cena cuando empecé a sentir un terrible malestar. Me ardía el estómago. Empecé a temblar. Intenté dar un par de pasos y casi no pude. Mis piernas me flaquearon. Temblé de nuevo, esta vez fue más intenso, me tumbó en el suelo. No soportaba el dolor, empecé a aullar fuertemente. Casi no podía tener los ojos abiertos, lo último que vi fue la luna en el cielo negro. Seguía temblando. Empecé a vomitar. Lloré aún más.
Así habría que escribir el último capítulo en la historia de Caramelo, un can vagabundo de Lechería. Él no sólo tuvo una "perra vida" callejera sino que además murió en peores condiciones.
Al menos en su caso no se dio el dicho según el cual el perro es el mejor amigo del hombre, pues por ser considerado un problema de salud pública las autoridades lo envenenaron al igual que a otros 49 de su especie. Emplearon estricnina, un tóxico muy fuerte que causa una muerte lenta pero con conciencia.
Aullidos de esperanza
La Declaración Universal de los Derechos del Animal rechaza por completo este recurso. "Si la muerte de un animal es necesaria, debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia", se lee en su artículo 03.
En Venezuela las asociaciones protectoras han tenido una nueva conquista: en la Asamblea Nacional ya está el anteproyecto de ley para la protección de animales. El propósito es que éstos dejen de tener vida (o muerte) “de perros”.
La presidenta de la Asociación Pro-Defensa de los Animales (Aproa), ubicada en Caracas, Cristina Camilloni, explicó que la proliferación de animales en la calle, especialmente de los perros, se convierte en un problema de salud pública cuando sus heces generan bacterias. Además, si no estan vacunados, podrían contagiar a las personas de enfermedades como la rabia.
Ocurrió que vecinos del casco central de Lechería enviaron varias correspondencias a la alcaldía denunciando que la gran cantidad de perros callejeros en sus urbanizaciones ha generado "la propagación de garrapatas y piojos".
También se quejaron de que estos animales rompen las bolsas de basura y riegan su contenido, dejando las aceras llenas de excremento mezclado con otros desperdicios.
El alcalde del municipio Urbaneja, Gustavo Marcano, comunicó las quejas al ente encargado: la coordinación regional de Salud Ambiental y Contraloría Sanitaria del Instituto de Salud de Anzoátegui (Saludanz).
El director de esta instancia, Isidro Canache, explicó que al no haber una ordenanza municipal que se encargara del asunto, se vieron en la obligación de apelar a la estricnina. "Estuvimos en un área donde se solicitó".
"El uso de la estricnina es doloroso, traumático, eso degrada a los seres humanos y es indiscriminado. Es muy fácil repartir veneno", acotó, indignada, Camilloni.
Estas muertes lanzaron un aullido de alarma entre las asociaciones protectoras de Anzoátegui. "Mataron animales que no representaban ningún peligro. En cambio hay otros que son agresivos y no los mataron porque no se dejan agarrar. Siempre han usado ese método y nunca ha funcionado. La solución es la castración, y la eutanasia sólo en caso de ser necesaria", comentó Nancy Fossy, presidenta de la Liga Protectora de Animales (Anzoátegui).
En opinión de esta activista, muchos de los perros que murieron estaban esterilizados y vacunados por su organización.
"La Gorda era una de las perritas que murió y tenía su placa de estar vacunada y esterilizada. Así no solucionan el problema, pero hablar con la alcaldía es hablar con la pared. Es cuestión de querer hacer las cosas, los animales son parte de este mundo".
Ante lo que considera un hecho inhumano, a Camilloni, representante de Aproa, sólo le resta decir que la ley de protección de animales es "un anhelo de hace años, una herramienta legal para luchar contra la crueldad".
Como en una jauría, asociaciones protectoras versus autoridades debaten en la polémica.
Luis Cabrales, médico veterinario de la Sociedad Protectora de Animales de Anzoátegui, alegó que "la ley obliga a utilizar estricnina porque la eutanasia es mucho más cara".
Manifestó no estar de acuerdo con el procedimiento aplicado por considerarlo inhumano, sin embargo ante las denuncias de los vecinos cree "que fue lo único que les quedó".
El alcalde Marcano no tiene mayores remordimientos. "¿Cuál solución queda si son perros de calle? Los vecinos lo pedían a gritos. Imagínate que uno de los perros se llamaba Sarnita", se justificó.
El mandatario municipal no cree que el envenenamiento afecte la imagen turística del estado, por el contrario "lo que sí la afecta es ese poco de perros que andan por ahí mordiendo a las personas. No pueden decir que somos indolentes por solucionar un problema de salud pública".
En la Asamblea Nacional no comparten esta perspectiva. Por ello la diputada Gabriela Ramírez, presidenta de la comisión de Familia, Mujer y Juventud, encabeza la discusión del anteproyecto de ley que pretende proteger a los animales domésticos, silvestres y en situación de abandono.
El artículo 26 de este proyecto, todavía “en pañales”, como lo dijo la propia Ramírez, dicta que "en aquellos casos en que, por razón de sanidad animal o salud pública, se exija la eutanasia, ésta se efectuará de forma rápida e indolora y sólo podrá ser efectuada en hospitales o clínicas veterinarias públicas o privadas debidamente registradas para este fin, bajo la responsabilidad, control y supervisión de un médico veterinario".
La parlamentaria enfatizó que los animales son seres vivos con terminaciones nerviosas y que por lo tanto tienen derecho a una vida y, también a una muerte, digna.
...sí muerden
Aunque el refrán popular dice que no muerden, a la señora Ana María Ducharne le atemorizan la multitud de canes callejeros que están en su urbanización.
Ella, junto a un grupo de vecinos, envió una correspondencia a la alcaldía en el año 2005, quejándose porque, entre otras cosas, los aullidos a las 5:00 de la mañana no la dejan dormir y porque en las tardes no puede salir a caminar ya que son animales agresivos. Ducharne explicó que estos perros están en la urbanización debido a que en una casa los alimentan.
Ella sólo clamaba por una solución que, dicho sea de paso, no ha llegado aún. No cree que envenenarlos sea lo adecuado. "No estoy en contra de los perros, admiro a quienes los cuidan porque es una labor difícil pero la idea no es molestar a los demás", aclaró.
Cabrales considera que hay muy poco interés en el tema, entre otras cosas porque no hay cifras de la cantidad de perros callejeros que existen en Anzoátegui y "no hay nadie que haya hecho estudios al respecto".
Marcano dijo que aunque no existe ninguna instancia legal que los obligue a crear albergues, la alcaldía que dirige estaría dispuesta a ayudar a la Liga Protectora de Animales para crearlos.
Sin embargo el punto neurálgico sigue siendo el mismo: la muerte. Aun cuando no exista un mecanismo legal en el país, en los municipios como Baruta y Libertador, en Caracas, hay ordenanzas municipales que, entre otras cosas, estipulan que de ser necesario el sacrificio de un animal debe aplicarse la eutanasia.
En términos de costos, Yubirí Beitía, directora del Centro de Protección Animal de Baruta (Ceprocan), estima que la eutanasia podría rondar los 200 mil bolívares, ya que se requiere no sólo de un producto eficaz -se trata de una sobre dosis de anestesia que le produce al animal una muerte sin sufrimiento, como si se durmiera- sino que además se necesita un cierto número de personas en el proceso (cuando son animales agresivos).
Fossy, presidenta de la Liga de Protección de Animales, concluye que tratándose de un ser vivo esta modalidad no es excesivamente costosa.
"Invierten más en cosas menos necesarias, por ejemplo para la Feria de la Virgen del Valle gastan dinero en bebidas alcohólicas, pero claro, como los perros no votan…".
Asunto de conciencia
Desde 1987, la Fundación de Protección Animal del Municipio Libertador, tiene un albergue para 20 ó 30 animales.
Recogen perros callejeros y tienen campañas de concienciación en las escuelas, consultoría jurídica (donde se tratan problemas de personas afectadas por animales o personas que los maltratan) y denuncias de excesos de animales en una casa.
Practican la eutanasia sólo a aquellos animales cuyo dueño lo haya autorizado; por agresivos o enfermos.
Experiencias caraqueñas
Con más de cinco años de haber sido fundado por una ordenanza municipal, el Centro de Protección Animal de la Alcaldía de Baruta se encarga de recoger, vacunar y esterilizar a los animales vagabundos.
Su directora, Yubirí Beitía, dice que tienen un buen número de adopciones. “Cuando pasan cierto tiempo, al verles los ojos, no soy capaz de sacrificarlos”.
Para ella el Día Mundial de los animales (que se celebra el 4 de octubre) sería cuando no haya perros en la calle.
Con derechos
En 1987 fue aprobada la Declaración Universal de los Derechos del Animal por las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y posteriormente aprobada por la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Uno de sus considerandos reza que “el hombre comete genocidio y existe la amenaza de que siga cometiéndolo”.
Su artículo 11 condena la muerte innecesaria de un animal considerándola como un crimen contra la vida.
Finalmente concluye en su artículo 14 que “los derechos del animal deben ser defendidos por la Ley, al igual que los derechos del hombre”.
